ROMANCE DEL CANTO MACHO

ROMANCE DEL CANTO MACHO
Por Adan Guevara Centeno

GUANACASTE es la península
que parece una potranca
con el hocico “atarcado”
sudando espuma salada.

La teta del Orosí
mana su leche volcánica
por el Tempisque, nutriendo
a la potranca geográfica.

Sol garañón por el cielo
corre su diaria jornada
derramando los calientes
resplandores de su lámpara,

y la comarca es un toro
con “pellejo” de “jaragua”,
que arremete a su destino
para encumbrarlo a cornadas.

Los hombres de esta región
cantan bien con la guitarra
y bailan con la marimba,
el quijongo y la “carraca”.

Se montan en potro chúcaro
y en el toro sin albarda,
para amansar a la novia
con esto y la serenata.

Cíclopes criollos… derriban
con su fuerza la montaña
y se fajan con el mar
en las canchas de la playa.

Ratones de guayacán
les retozan en la manga
a atilintan su calzón
con músculos de tenaza.

La mujer guanacasteca
va a la fuente a traer el agua
columpiando en su cabeza
la equilibrada tinaja.

Muele maíz con metate
y hace tortillas de masa,
palmeándolas del tamaño
de una luna-llena plana.

Ninfa regional… que sabe
los secretos de la pampa;
que protege las cosechas
del animal y la planta

y que le entrega al amor,
como primicia sagrada,
las delicias de su cuerpo
y toda la miel de su alma.

Así elogia el visitante
superficial la sabana,
sin calar en los problemas
que le muerden las entrañas.

Ya fastidian las zalemas
del compositor que canta
por sonar, como un insecto
gemelo de las “chicharras”.

GUANACASTE, tierra mártir,
requiere que la palabra
de los poetas denuncie
su tragedia en forma franca,

y que le quiten los frenos
al coraje que la embarga,
para que corra sin miedos
la yegua de su pujanza.

Hay minas de hidrocarburos
y de metales frustradas,
protestando por el crimen
de la Patria hipotecada…

Esa propiedad legítima
del llanero está en las garras
del Imperialismo Yanqui
como conquista pirata.

Hay tesoros vegetales
de tierras latifundarias,
que son centenas y miles
de vagabundas hectáreas,

acaparadas por unos
pocos ladrones de castas…
En cambio, la mayoría
del pueblo no tiene nada.

No es cierto que el sabanero
lleve una existencia grata,
ni que el peón guanacasteco
cante desde la mañana:

La niña de sus pupilas
desayuna madrugadas
en los fangos del corral
mientras ordeña las vacas.

Luego el cenit se desploma
sobre el arco de su espalda
y la fatiga le moja
la ropa con que trabaja.

Los sábados mezcla penas
con coyol y se las traga
para fingir alegrías
fugaces en la parranda.

Y es mentira que la chola
morena se ponga faldas
con encajes y abalorios
ni perlas en la garganta:

Las joyas con que se adorna
son los sudores de nácar,
y la yunta de azabaches
que le brillan en la cara.

Viste muñeca de olote,
arrullando sus tempranas
ilusiones maternales,
pero más tarde fracasa

como madre prematura
de una familia bastarda,
sin apellido paterno
ni alimento en la cuchara.

Este sí es el GUANACASTE
en una imagen exacta:
adobe de arcilla madre
condenado a vida esclava.

Chupen los guanacastecos
sangre viva en esta llaga,
y griten el canto macho
de su indignación con alas!